kaoshipnótico,sampler,sintetizadores,
efectos, objetos, software libre.
| El
vértigo del tiempo, pensar libre, con la mente sin prejuicios, nada
que resolver, nada que terminar, solo ser parte del tiempo y sus
cambios, la muerte al instante, creación y muerte en sucesiones
continuas que no se puede atrapar, ni medir, sin limites concretos ni
abstractos, libertad de ser y ser porque nada es lo que fue, entonces
la experiencia no sirve para vivir este instante porque nunca existió,
no puedo vivir este momento con los conocimientos del pasado. |
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Y
el
tiempo sigue su desarrollo y nosotros también sin ser parte
de la
desaparición, entendiendo los otros modos de transmisión y
recepción
que estimula la percepción, que la
acrecienta.
La razón de la sinrazón
esta acá.
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Y el
sonido se traslada por el aire vibrando, variando, cada vibración
es una composición
y es sin ninguna estructura contenedora y yo tengo
ganas de mover el sonido y moverme con
él, haciendo variantes libres,
continuas, coherentes, incoherentes, intensas, sin estructuras. Mover
esas variantes lo llamo hacer música.
Sonido, tiempo, aire, intención, movimiento se conocen en el instante,
el momento soberano.
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En
este ámbito sensorial tempo espacial se mueve el experimento
kaoshipnótico.
Experimentar para crear corriendo riesgos, sin especulaciones, sin
prejuicios
ni ideas definidas, experimentar en un mundo desconocido, de
redefinición donde
lo conocido pierde valor, se desintegra, los juicios
estéticos caducan y el
tiempo no puede ser medido ni tiene sentido
hacerlo porque no es mensurable,
donde cada cosa es parte de caos,
condensándose, volviéndose real, tan real,
inestable, cambiante, sin
falsa sensación de seguridad, como siempre, como todo
lo que nos rodea
y que no se puede contener con palabras ni otros esquemas. |

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Hacer
música sin importar las mediciones de tiempo, escrita, tiempo sea
por metrónomo
o por el contador de un software. No interesa que
avanzada sea la tecnología si se
la usa para controlar, medir, sigue
siendo primitiva.
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Y
cuando se apague el último sonido siga por largo tiempo
la sensación que todo cambia y no encontrarse con la rigidez de la
realidad inexacta y sostenida por «ese hatajo de rencorosos y dóciles,
violados, robados, destripados, y gilipollas siempre. ¡Ni que lo digas!
¡No cambian! Ni de calcetines, ni de amos, ni de opiniones, o tan
tarde, que no vale la pena. Han nacido fieles, ¡ya es que revientan de
fidelidad! Soldados sin paga, héroes para todo el mundo, monosabios,
palabras dolientes, son los favoritos del Rey Miseria. ¡Los tienen en
sus manos! Cuando se portan mal, aprieta... Tienen sus dedos en torno
al cuello, siempre, cosa que molesta para hablar; han de estar atentos,
si quieren comer... Por una cosita de nada, te estrangula... Eso no es
vida»
«Puestos a hablar de ti, ¡tú es que eres un anarquista y se acabó!»
Siempre un listillo, como veis, y el no va más en opiniones avanzadas.
«Tú lo has dicho, chico, ¡anarquista! Y la prueba mejor es que he
compuesto una especie de oración vengadora y social. ¡A ver qué te
parece! Se llama Las alas de oro...» Y entonces se la recité:
Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado,
sensual y gruñón como un marrano. Un marrano con alas de oro y que se
tira por todos lados, panza arriba, en busca de caricias. Ése es,
nuestro señor. ¡Abracémonos!*Adaptación de un extracto de Viaje al fin
del la noche de Louis Ferdinand Celine.
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